
Sirva esta entrada como sincero homenaje a la perdida de la valiente Dama Paracaidista, la cabo López, perteneciente al Grupo Logístico de la BRIPAC.
A ella, a su familia y a toda la hermandad paracaidista del Ejercito de Tierra mi más sentido y profundo pesar por su pérdida.
Cuando yo saltaba, recuerdo que siempre se me pasaba por la cabeza las fatídicas palabras: "....y si no se abre. ¿qué...?". Supongo que eso no me pasaba a mí sólo. Por las expresiones en los rostros de mis camaradas, ellos pasaban por igual trance.
"¡Pues si no se abría!... ¡Ahí quedaba todo!." Al pronto te sacudías esos funestos pensamientos, tragabas la poca saliva que tenías diciéndote: "...A mí no me puede pasar eso... a mí no. Hoy no será el día."
Después de la calor afixiante debido a lo apretados que estábamos con todo el equipo y armamento; del ruido ensordecedor de los motores turbohélice del Hércules; del mal olor ambiental debido a descomposiciones y algún que otro vómito provocado por el vuelo táctico del avión ( baja altura). Deseabas salir, ansiabas escapar de allí cuanto antes.
"¡En pié y enganche!" Gritaba el jefe de salto. ¡Luz verde! El sonido metálico del mosquetón de enganche al pasar por el cable extractor. Agradecías el tener más espacio al moverte, veías como desaparecían por la puerta lateral tus compañeros, diciéndote: ¡No sé lo que me espera al salir por esa puerta...! ¡Yo aquí no me quedo...! ¡No seré menos que nadie!
¡Otro más y después yo...! El corazón a mil, asomaba la cabeza por la puerta y parecía que el aire te abrazaba tan fuertemente que te arrancaba de allí.
Quizás fue esto, o algo muy parecido, lo que experimentó la cabo López en ese fatídico salto.
Cuando tiempo después, en "la vida civil", la gente se enteraba que había realizado el servicio militar como voluntario en la Brigada Paracaidista, me decían: "Hay que tener mucho valor para saltar desde un avión". "No tanto", le contestaba yo. El valor hay que tenerlo en el momento que tocas el suelo y empiezas y empiezas con el ejercicio táctico a caminar, caminar y caminar. Con hambre, con sed, con mucho sueño y con demasiado cansancio. Para mí ese era el valor, el aguantar un día en la Bripac.
Sin embargo, me equivocaba. El valor también está presente en el avión al saltar. Como lo tuvo la cabo López y tantos otros camaradas que fueron, son y serán Damas y Caballeros Legionarios Paracaidistas.
